El imaginario

 

¿Qué es el imaginario? En la sesión que le hemos dedicado la semana pasada en los distintos grupos con los que lo hemos trabajado han surgido distintas respuestas: soñar despierto, jugar, proyectar, imaginar, crear de la nada, acordarse de algo vivido para representar….

Todas esas respuestas tienen sentido, sobre todo si desaparece el juicio que es el principal boicoteador. El imaginario tiene, por suerte, un precursor nato que lo alienta a salir a jugar: el niño que todas y todos llevamos dentro. Esa parte nuestra que anhela poder transcurrir por lugares distintos a los habitualmente transitados. Es una necesidad de equilibrar el exceso de racionalidad, de máscara formal que nos ayude a pertenecer al afuera. El imaginario es un espacio para habitar el adentro, nuestro interior, pudiendo además compartirlo. Es una ventura completa que de nuestro interior salga un mundo nuevo, nos animemos a expresarlo y además, lo jueguen con nosotros. No hay nada de malo en eso, no hay nada de ridículo ni infantil ni ningún adjetivo descalificativo con la que nuestra razón nos quiera paralizar. El juego imaginado y después (o a la vez) representado es una oportunidad para ser, pensar, sentir, y ver diferente. Es una oportunidad para atrevernos a dejar la armadura corporal normalizada y ponernos otros ropajes, otras corporalidades que bien nos pueden también enseñar.

Otra clave importante es crear ese espacio seguro dentro del imaginario. Igual que muchos niños tienen a su amigo imaginario que les hace sentir acompañados y cuidados nosotros podemos ayudar a nuestra parte niña/o con permiso para desarrollar otras capacidades a partir del juego. El espacio seguro se crea a partir del no juicio, a partir de atreverse a crear con uno mismo y los otros con una mirada limpia y actitud de recreo. Dejar fuera “al director que llevamos dentro”.Tranquila/o! ya tendrás tiempo de darle la bienvenida después y preguntarte cosas que te preocupen como por ejemplo: “¿Cómo puedo hacer el juego más interesante?” “¿De qué manera convierto esa expresión en aquello que quiero transmitir?” y preguntas por el estilo. Pero paso a paso, el primer paso es darse el permiso de ser libre en la expresión, de encontrar lo que podemos decir y nuestra manera personal y original de decirlo. Darnos el permiso también de que nuestra manera no tiene por qué parecerse a ninguna otra y eso no devenga en el miedo atávico de no pertenencia. En el fondo toda/os tenemos el deseo de jugar divirtiéndonos con ello en algún momento, sería interesante utilizar el espacio que las artes escénicas ofrecen para aprovecharlo.

Puedes leer sobre otros usos del imaginario aquí.

También puedes seguir leyendo sobre las oportunidades de desarrollar el imaginario en nuestros talleres.

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