Crear un personaje

 

Crear un personaje puede ser como para un escritor un papel en blanco: desafiante, divertido, interesante, estimulante. Puede también, claro está, generar incertidumbre y ansiedad. Creo que esto último (sentir incertidumbre y ansiedad) está muy asociado con saltarse etapas en la construcción del mismo o bien que las expectativas no sean adecuadas. Vamos a pensarlo paso a paso.

En la primera etapa de un personaje lo que hay es más bien un esbozo, un intento, una caricaturización que bien puede estar amparada por un texto o bien se va tejiendo en conjunto con la historia tal y como ocurre en la creación en colectivo. Muchas veces el tema es que nos cuesta «vivir en la incertidumbre», es decir, nos encanta tener todo controlado. Aunque este control sea una ilusión, pero si nos creemos esta ilusión de control nos sentimos más seguros.
Creo que podemos usar esta misma Ilusión de control a nuestro favor! Si trabajamos en un personaje, aceptamos de primeras que este esbozo se borrará, cambiará, se trasformará muchas veces y se irá haciendo fuerte siendo integrado por nuestra voz y nuestro cuerpo de manera flexible y que ese es el proceso normal ahí ya tenemos nuestra ilusión de control bien enfocada : )

Es tanto el miedo a no hacerlo bien, tan grande la necesidad de demostrar que sabemos lo que hacemos que no hay sitio ya para la investigación, la prueba y el ensayo- error, y de verdad, es lo más divertido de cualquier proceso. Es conveniente recordar también que si aceptamos que el proceso conlleva esta parte de máxima flexibilidad es posible que aparezcan características, sentires, detalles muy ricos para el personaje. Cuanto más queremos controlar, menos vemos lo que no está en el foco de lo que consideramos «productivo».

También ocurre que durante la investigación nos estancamos pensando que el personaje siempre reaccionaría de la misma manera, o nunca haría tal cosa, y podemos o no tener razón, la cuestión es probar. Ponerlo en práctica, no dejar que la cabeza decida por sí misma y haga un tratado sobre los «nunca» y los «siempre» del personaje. Los personajes, igual que los seres humanos se encuentran en situaciones que son zonas grises y pueden cambiarse la máscara. Si probamos, en muchas ocasiones, nos vamos a encontrar que es el actor el que no encaja bien el gris, no el personaje.

Otro tema imprescindible es la defensa del personaje. Cuando estamos actuando, accionando, haciendo en nombre de él; no valen nuestros juicios, remilgos, creencias, autolimitaciones. Dar paso a un personaje es una posibilidad plena de vivir, sentir y ver desde otro lugar y eso da vértigo porque ¿Qué pasa si nos gusta el personaje? Pasa que somos humanos y como humanos tenemos un sinfín de sentires diversos y cambiantes, y no todos nuestros sentires son puros y buenos. Y no pasa nada con eso, no nos convierte en seres horribles defender un personaje en todas sus miserias y querer justificarlas. Todo lo contrario, nos recuerda que somos seres vulnerables, creativos, que podemos ser coherentes e incoherentes en distintos momentos del día. El teatro nos recuerda todo eso. Y es incómodo como todo lo real.

Hasta ahora no he visto personas incapaces de hacer un personaje, de hecho todos podemos hacer varios personajes al día de manera consciente o no consciente y por razones diversas (encajar, conseguir lo que queremos, aspirar a ser, etc). Sí he visto cáscaras muy fuertes, máscaras pegadas al cuerpo y la voz hasta que se dan el permiso de romperse. Todo es práctica. Crear un personaje o cambiar el tuyo también lo es.

 

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