La generosidad en escena

 

Cuando nos disponemos a estar en escena significa que tenemos algo que contar. Ese es el motivo primordial por el cual se escenifica una historia: porque consideramos que vale la pena compartirla. Es es el foco que juntos trabajan para defender las partes participantes en contar la historia. La generosidad en escena cumple una parte fundamental pues y es que no se pierda ese foco. No es importante la individualidad, destacar como actor, resaltar, sino trabajar juntos para contar la historia de la mejor manera posible. La generosidad en escena nos mantiene en el camino de trabajar en pos de algo común. Requiere mayor esfuerzo trabajar con el otro que el hecho de salir a escena solamente pensando en que lo que uno se juega en escena es su propia imagen. Siempre el trabajar con otro/s requiere esfuerzo porque hay que escuchar, reaccionar, proponer, re-direccionar y volver a escuchar. Pero cuesta mucho más esfuerzo si estamos luchando contra el otro que si estamos haciendo la pelea juntos. El no aceptar siempre requiere a la larga más tiempo y esfuerzo que el aceptar y lidiar con lo que hay, si lidiamos con el otro mucho mejor. Que a la otra persona se le ocurra algo que no entraba ni por asomo en nuestras posibilidades escénicas no quiere decir que sea una mala propuesta, simplemente quiere decir que no se nos había ocurrido. He escuchado muchas veces tanto en improvisación como en la puesta en escena de guiones cerrados: “es que no me miraste en este momento, es que no sonreíste y no cuadraba con lo que yo estaba haciendo, es que….” Y el problema con eso es sencillamente que si estamos esperando a que los demás se adecuen a lo que nosotros pensamos que nos va a ir bien tendremos cada vez más frustraciones y menos herramientas. Es mucho más estratégico aprender a recibir la propuesta del otro y usarla como base para aportar después nuestra propia cosecha. Si queremos que acepten nuestras propuestas tenemos que aprender a aceptar la de los otros, y no solamente aceptarlas, sino jugarlas, desarrollarlas, enriquecerlas y en lo posible: disfrutarlas!

Ser generosos en escena es también ser generosos con nosotros mismos, con nuestro período de aprendizaje, da lo mismo que llevemos mucho tiempo sobre el escenario, cada personaje, obra, texto, ejercicio nos da la oportunidad de aprender algo nuevo y combinarlo con lo ya aprendido para crear algo mejor. Eso es lo que nos hace expertos, seguir aprendiendo y tener la creatividad suficiente para poder combinar la información de manera tal que se adecue a la situación, escena, historia.

En resumen, la generosidad en escena es una buena elección porque: nos enseña a ser más flexibles, aprendemos a crear a partir de la escucha, trabajamos con el otro y con nosotros mismos  y nos crea un suelo firme sobre el cual construir nuestra experiencia escénica.

 

 

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