La escucha

 

 

Esta semana en las clases de iniciación al teatro estamos trabajando la escucha: uno de los fundamentos básicos para estar en escena de manera consciente.

Reflexionamos sobre las maneras de escuchar a través de diversos ejercicios y fuimos abriendo perspectivas con la experiencia.

A simple vista el término “escuchar” puede llevarnos a la idea de que solo implica oír, que el sonido que otro emite llegue a mis oídos y que el otro haga algo con eso. Pues bien, no es suficiente solo con eso. La escucha tiene que ver con la capacidad de ver, sentir, oír lo que pasa a mi alrededor y también dentro mío. Es una disociación (primero) entre el adentro del actor y el afuera. Con el adentro me refiero a la actitud serena y voluntaria de querer saber lo que pasa fuera y dejar que eso intervenga en mi adentro. Abrir las sensaciones físicas para ser capaz de integrar, desarrollar y/o transformar lo que ocurre a mi alrededor. Y para lograr eso (a no ser que esté realizando un monólogo) tengo que trabajar con mi compañera/o. En este segundo paso nos damos cuenta que tras disociar hay que reunir.

En ocasiones estamos muy centrados en nosotros mismos, en cómo estamos haciendo esto, cómo se verá si hago aquello otro, etc. Estamos preocupados en el afuera o en el futuro en vez de estar ocupados en el presente. Para escuchar es conveniente desarrollar una flexibilidad tal que me permita compartir el control de lo que ocurre con el otro. Ceder ante la posibilidad de tomar una propuesta distinta a la mía como válida y poder proponer si esa propuesta se agota. La escucha sucede si jugamos conscientemente y compartimos lo que está ocurriendo.

Otra herramienta importante a la hora de escuchar es quitar el filtro del juicio o al menos no prestarle atención si aparece. Poner en tela de juicio constantemente lo que ocurre resta energía para el juego y en muchas ocasiones nos damos cuenta que finalmente no nos aporta nada. Escuchar nos requiere desde una posición abierta, flexible, alerta y viva. Es una actitud de querer saber que le pasa al otro y qué me pasa a mí con eso para poder llevarlo al cuerpo, para que no se quede solamente en forma de pensamiento.

Aprender a escuchar nos abre las puertas para desarrollar otras herramientas importantes que vamos a ir necesitando para entender y después transmitir en el lenguaje teatral.

A escuchar con todos los sentidos!

 

 

 

 

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