Una de las funciones del juego es poder utilizar la imaginación y la fantasía de manera constructiva para el desarrollo del Ser. Establecer el hábito de darse oportunidades y permisos. Facilitar la flexibilidad en la personalidad a través de la experiencia compartida y la utilización de distintos recursos de comunicación.
A medida que el juego se va estableciendo de una manera que el grupo intuya como segura iremos viendo también cómo florece la creatividad.
¡Qué importante es la posibilidad de expresarse con libertad sin tener que pensar tanto! Experimentar situaciones, personajes, emociones y sensaciones es tierra fértil para sembrar muchas de las posibilidades del Yo.
Hay que tener en cuenta, en la etapa adulta, que para poder sentirse seguro y dejar que el niño que habita en nosotros salga a jugar hay que sortear algunos desafíos.
En general, como adultos, estamos adaptados al juicio.
Estamos acostumbrados a las clasificaciones y muy preocupados por lo que nos devuelve el espejo (tanto interno como externo).
En el grupo fácilmente se ve en las comparaciones. En cómo las personas intentan hacer algo al principio que “se parezca a lo que hacen los demás” y en caso contrario tenderán a sentirse ridículos. También es normal que cuando uno no otorga permiso a una expresión “fuera de la norma” se sienta incómodo cuando es otro el que sí expresa de esa “manera inusual”.
Surgen reactividades ante lo desconocido porque la máscara de nuestro Yo se siente inestable en discursos, expresiones distintas a las que suele desempeñar. Es normal, ese es el sentido de la máscara. Y paradójicamente, ¡ahí está la posibilidad terapéutica! Con frecuencia la máscara, que nace como refugio, empieza a ahogarnos. Suele pasar con los “lugares seguros”. La danza está en encontrar el equilibrio entre sentirnos seguros y atrevernos a experimentar nuevos territorios. Pero para eso hemos de sentirnos seguros, sentir que no vamos a estar bajo una lupa constante o que hay “una manera correcta de hacer las cosas”.
Ayudar a un grupo a atravesar la tormenta que asoma a nuevas opciones de utilizar su máscara y hacerla más permeable es entender todas las emociones que vienen implícitas. Por supuesto que para cada uno será diferente, y que en el grupo se traducirá en un tipo concreto de energía. Esa es la energía que necesita ser nutrida porque es la que el grupo está logrando sostener. Si la persona que guía confunde sus objetivos con lo que el grupo está experimentando es dónde se pierden oportunidades brillantes de alimentar de manera concreta y fructífera la creatividad esencial de ese grupo en concreto.
Acompañar el juego adulto no es tanto dónde se quiere llegar, sino lo que hago en donde estoy con lo que hay.
Mentoría individualizada para aplicar artes escénicas con herramientas terapéuticas:
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