Efectos de la teatroterapia…

Aquí va el artículo ampliado:


Efectos de la teatroterapia

La teatroterapia no produce efectos visibles de inmediato. No es una técnica de resultados rápidos ni un método con pasos fijos. Es un proceso — y como todo proceso real, sus efectos se notan cuando ya llevan un tiempo ocurriendo dentro de ti.

Pero ocurren. Y cuando ocurren, son profundos.

Después de más de diez años facilitando talleres de teatro terapéutico en Barcelona, he visto esos efectos repetirse una y otra vez, en personas muy distintas, con historias muy distintas. Lo que cambia no es siempre lo mismo — pero hay algo que casi siempre se mueve.


Lo que cambia en el cuerpo

Uno de los primeros efectos de la teatroterapia es el reencuentro con el cuerpo propio.

Vivimos muy en la cabeza. Pensamos, analizamos, planificamos. Y el cuerpo — que sostiene todo eso — queda relegado a un segundo plano, como un vehículo que usamos sin demasiada atención.

En el taller, el cuerpo vuelve al centro. No para exhibirlo ni para entrenarlo, sino para escucharlo. ¿Qué tensiones llevo sin darme cuenta? ¿Dónde se instala el miedo? ¿Qué pasa en mi respiración cuando me siento observado?

Esa escucha — lenta, sin juicio — es en sí misma terapéutica. Porque a través del cuerpo accedemos a capas de la experiencia que el lenguaje verbal no siempre alcanza. El cuerpo recuerda lo que la mente prefiere no nombrar. Y en el teatro, ese recuerdo puede emerger de forma segura, sostenida, acompañada.

Con el tiempo, los participantes desarrollan una consciencia corporal que se traslada fuera del taller: más presencia en el día a día, mayor capacidad de detectar el propio estado emocional, más facilidad para regular la respuesta ante el estrés.


Lo que cambia en el grupo

La teatroterapia es siempre grupal. Y eso no es un detalle — es parte esencial del proceso.

Cuando un grupo de personas se permite jugar juntas, explorar juntas, mostrarse sin los filtros habituales, algo se transforma en la manera de relacionarse. Los juicios disminuyen. La escucha se afina. Aparece una calidad de presencia mutua que es difícil de conseguir de otra manera.

El grupo se convierte en espejo y en sostén al mismo tiempo. Cada persona aporta su perspectiva, su energía, su manera de habitar el espacio — y eso enriquece la experiencia de todos. Uno aprende del otro no por imitación, sino por resonancia.

También cambia la percepción de uno mismo dentro del colectivo. Muchas personas llegan al taller con una imagen fija de sí mismas — «soy tímida», «no soy creativa», «no sé expresarme» — y el grupo, sin proponérselo, desafía suavemente esas etiquetas. Porque en escena, en juego, con otros, aparecen partes de uno mismo que en la vida cotidiana permanecen dormidas.


Un testimonio desde dentro

A veces los efectos de la teatroterapia se explican mejor con una imagen que con conceptos. Al final de uno de nuestros primeros ciclos de taller, pedí a los participantes que compartieran su experiencia de la manera que quisieran — un cuento, una palabra, una imagen.

Raúl Gómez Leonardo escribió esto:


Érase una vez un átomo. Un átomo que soñaba con ser, y tanto lo deseó que al final fue. Quería ser algo perceptible, algo material y grande. Deseaba sentir, ver, oír, saborear, oler… formar parte de la vida, de todo lo que le rodeaba.

Uno de esos días se despertó sintiéndose mejor que de costumbre, pero extraño. Cuando se hubo despertado del todo se dio cuenta que no era un átomo, era millones y millones de átomos que habían tomado forma. ¡Vaya sorpresa! ¿Qué ha pasado? ¿Qué soy? Se preguntó. Y empezó a adquirir conciencia de todo su cuerpo: movió dedos, manos, pies, brazos y piernas y descubrió que tenía extremidades.

Se movió, se desplazó experimentando diferentes maneras — unas saltando, otras bailando, otras arrastrándose, otras corriendo o bien caminando. Descubrió texturas, luces, colores, olores.

Y así fue como se encontró con otras formas que no había conocido nunca. Jugaron mientras se descubrían mutuamente y se dieron cuenta que eran iguales, estaban formados de lo mismo. Y decidieron seguir explorando juntos.

En su viaje se encontraron con los elementos: Agua, Tierra, Aire y Fuego. Bailaron y jugaron con ellos… hasta convertirse en uno solo. Y se sintieron parte de un todo que no les era ajeno.

Fue un viaje muy bonito y lleno de emociones. Y el cuerpo que formaba nuestro átomo volvió al lugar donde se había despertado para descansar y soñar con todo lo que vivió.

— Raúl Gómez Leonardo, participante del taller


Esto es lo que produce la teatroterapia cuando se da el espacio y el tiempo necesarios. No siempre con palabras. A veces con un cuento.


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Entradas creadas 56

0 pensamientos en “Efectos de la teatroterapia…

  1. Gracias Nathalia por haber compartido con nosotros estas palabras de nuestro compañero Raúl. Ha sido un trabajo muy bonito el que hemos compartido todos juntos, y con estas palabras Raúl logra que reviva esta experiencia tan especial.
    Saludos y gracias por tus talleres! Son geniales.

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