Archivo de la etiqueta: Blog de Hacer Teatro

¿Qué trae el teatro?

raiz

 

Desde el primer día el teatro es capaz de irrumpir con fuerza en quiénes han decidido seguir su instinto, cumplir un sueño o probar con firme curiosidad.

Se va entrelazando entre miradas atentas, sonrisas cómplices, cuerpos aún por des-tensar.

A medida que uno se va haciendo con el espacio físico que nos sirve para habitar lugares imaginarios se va creando la atmósfera del grupo con la que se va a trabajar. Cada día es distinto, único en la creación porque se construye a partir de la energía disponible en ese momento.

El teatro trae sorpresa, es un continuo descubrir. Descubrimos acompañados por otros que junto a nosotros se atreven a jugar, a transitar por sus limitaciones que poco a poco, se convierten en el camino a nuevas habilidades.

El teatro trae perspectiva, aprendemos a mirar y sentir a partir de los personajes que interpretamos desafiando nuestros propios prejuicios y obligándonos a hacernos preguntas y darnos respuestas, a veces incómodas, sobre las razones que llevan a ciertos personajes a tomar éstas o aquellas decisiones.

Nos trae mayor consciencia de lo que nos pide el cuerpo, de todo lo que es capaz de hacer  prestándole un poquito de atención…Recibimos tanto dándole tan poco que aprendemos a profundizar en esa escucha y en esa tarea de ir cultivando nuestra expresión.

El teatro nos trae alegría, nos convoca hacia un espacio de contacto profundo, de tacto y miradas, de abrazos y sentires, nos trae el permiso que necesitamos para expresar y recibir todo eso en el marco de un lugar seguro. Un lugar en dónde puede reinar el caos, la creatividad, la experimentación en todas sus formas sabiendo que está allí cada vez que queramos entrar y salir cuando sintamos que hemos tenido suficiente.

El teatro trae consigo preguntas y vamos concibiendo la idea de que las respuestas, que no serán fijas, están en el proceso, están en la misma capacidad de seguir haciéndonos preguntas…Nos invita a dejar de lado esa actitud altiva de presuponer lo que va a ocurrir, de creer que sabemos lo que va a ocurrir para así tener lugar para escuchar, ver, sentir y vivir lo que ocurre en cada preciso instante de la creación, de la investigación, de nuestro feliz proceso.

 

 

Anuncios

Oír la voz interna

IMG_0152.JPG

Hay veces en que oímos nuestra voz interna, allá a lo lejos, a veces tan despacito que nos cuesta entenderla y omitimos su sabiduría.
Toda la cantidad de información que procesamos a lo largo del día nos hace estar en constante movimiento y para oír nuestra voz interna necesitamos calma – o al menos para prestarle la debida atención-. Sino corremos el riesgo de confundirla con la voz de lo que “debemos hacer” y ese “debemos” está direccionado muchas veces hacia objetivos externos, por ejemplo, el gran conocido de contentar a los demás. También nos puede llevar a seguir un camino ya antes trazado del cual hace tiempo que no le hemos dedicado un momento para comprobar si hay algún tramo en obras, si pasó un tornado por allí y no hay modo de seguir por él, si existe algún desvío quizá, en este momento, más interesante para mí.
A veces seguimos, y seguimos, y seguimos…creyendo saber hacia dónde o con la meta de seguir nomas porque da pavor parar. Da pavor preguntarnos si estamos equivocados, perdidos, desilusionados, cansados, hartos. Da miedo porque una vez nos hemos dado cuenta, hemos escuchado esa vocecita y ella ha ido subiendo el volumen haciéndose cada vez más cuesta arriba ignorarla.
Hay que actuar…y eso pareciera que conlleva más energía de la que tenemos. Pero (y al fin una buena noticia) a veces es solo la sensación después del susto. El miedo parece que paraliza y volver a un estado neutro requiere energía. Pensar qué queremos requiere energía. Escucharnos de verdad requiere más energía, decidirnos por un nuevo camino…y claro, todavía queda actuar e imaginamos que para ese entonces estaremos realmente agotados (algunos tienen la sensación bastante antes).
Es como si estuviéramos en la base de la colina, a punto de empezar a subir, la subida es empinada, hay neblina, no conocemos muy bien el camino y no sabemos si estamos en forma.
A partir de aquí puede haber algunas opciones; una de ellas sería pensar ante tal panorama: “mejor lo hago otro día, más adelante y ahora hago algo más relajado o nada en absoluto”. Es una opción interesante si después de tomarla nos sentimos honestamente en paz, conformes, contentos. Si no es así…¿quizá estemos poniendo excusas para evitar el esfuerzo? ¿Estamos cediendo ante el miedo y experimentando su efecto paralizador?

Otra opción disponible es empezar a caminar. Intentarlo. Dar un paso, otro, ver el paisaje y seguir caminando al ritmo que pueda. Parar a preguntar, a descansar. Total siempre estaré a tiempo de dar la vuelta sino quiero llegar a la cima. La cuestión es ¿cómo sé de qué fuerza dispongo sino la pongo a prueba? Sino pongo a prueba mi voluntad sólo me rodeo de deseos y de excusas para no cumplirlos y eso me debilita.
Aún en el caso de haber empezado el camino y no habiendo llegado al final; bien porque di la vuelta, bien porque hice una parada técnica al llamarme algo poderosamente la atención y aún sigo allí explorando, bien porque decidí tomar una dirección distinta- aún en esas circunstancias puedo corroborar que mi capacidad de actuar sí funciona, que puedo convertir palabras en hechos, que tengo la capacidad de transformar lo que quiero en realidad.
Ahora bien, sentemos como base que definimos lo que quiero en términos de la voluntad para empezar el camino en lugar de aferrarnos a  la ilusa idea de que sabemos a ciencia cierta cual es el destino. Esta perspectiva nos ahorra frustraciones innecesarias volviéndonos más creativos, abiertos a otras posibilidades que en un principio no habíamos tenido en cuenta pero que, en muchos casos, podría resultar en una mejor opción a la que en un principio habíamos querido decretar.

Entonces recapitulemos, para oír la voz interna es interesante parar, encontrar calma, sentir, no asustarse e ir poco a poco y, -quizá lo más difícil- es asumir que no hay garantías en los resultados y aún así atreverse a actuar.

 

La honestidad en los procesos de creación

bosque

Cuando uno está creando entran en juego imágenes, expectativas, creencias, ego, miedos. Lo difícil es gestionar toda esta información que se divide en el sentir y el hacer. Uno va buscando por distintos territorios utilizando sus mejores herramientas y a veces otras que casi no ha utilizado todavía. Es importante entender que el proceso de creación es un camino ondulado, de diferentes rasantes. Un camino nuevo que no conocemos. Podemos tener la técnica correcta, todo el equipo preparado para que el camino sea más cómodo, pero el camino sigue siendo nuevo, siempre se aprender algo , a veces mucho más que sólo algo. Pero para aprender hay que partir del “no sé”. Ser lo suficientemente honesto para decir: no sé donde estoy, para dónde caminar, o por qué de repente estoy aquí. Para encontrar el buen camino a veces hay que perderse y sentirse perdido no es fácil.

Pero como la mayoría de cosas difíciles, es interesante. Sentirse perdido es estar en contacto con el caos de la creación, con aquello que no controlamos. Cuando estamos tan cansados que dejamos de controlar, y estamos completamente perdidos, asumimos ese sin rumbo y de repente allí aparece.

Uno puede pelearse con uno mismo tanto como quiera, hacerle caso al ego, decirse que uno encuentra solo porque ya sabe, porque lo ha hecho antes, porque ….todas las afirmaciones que quieras. Y es verdad, uno encuentra cosas solo, cosas que ya había encontrado antes. Pero para crear algo desconocido, uno tiene que soltar, empezar de cero, hablar honestamente con uno mismo. Utilizar la curiosidad, el asombro, dejar que los sentidos perciban con la menor cantidad de juicio posible y estar dispuesto a probar, a equivocarse, a invertir camino sin encontrar.

El proceso de creación necesita de honestidad porque sino no surge energía nueva, no hay transformación de dentro hacia fuera, no hay de dónde alimentarse. La honestidad es el alimento de la verdad, si mi creación no tiene verdad, entonces, ¿de qué está hecha?.

Exige dedicación, atención, amor. Exige transcurrir en el consciente e inconsciente, dejarse penetrar por los símbolos, las ideas. Exige permitir a las imágenes que lleguen sin juzgarlas, sin entenderlas, sin etiquetarlas.

Si uno se permite honestidad se llega más lejos, se atraviesan más caminos, uno tiene tiempo para sentarse y contemplar, para asegurarse de que lo que encontró está integrado en su ser y poder seguir caminando, y de a ratos también encontrando.