El Miedo

Mario salió a escena, sus piernas temblaban, sentía la presencia de millones de ojos observando cada centímetro de su cuerpo, sentía que se metían en su cabeza y podían leer sus pensamientos, sus sensaciones. Fueron unos 3 segundos antes de que pronunciara palabra, pero a él le pareció una eternidad. Ese silencio, esa forma de sentir que el tiempo no avanzaba, que de repente todo estaba concentrado en él, en lo que él hacia, era, sentía.
Ese día, después de la función, pensó en ese instante de soledad, de silencio. Intentó entender porque se había sentido así, porque siempre que tenía que salir a escena se sentía así. Aunque se supiera perfectamente el papel que interpretaba, aunque no fuera la primera vez que hacía esa obra, aunque no estuviera solo en escena.
Esa noche pensó mucho en esa emoción: el miedo. Ninguna parte del cuerpo puede ignorar su presencia. Tiene una fuerza avasalladora –  la que le damos -pensó.
¿El miedo viene de la expectativa? ¿Sólo forma parte de una alarma que nos indica que podemos perder el personaje? ¿Es necesario sentir eso para no perder el respeto en el teatro, al trabajo como actor? Había escuchado muchas versiones, tantas como guías y profesores había tenido. Y cada vez tenía más dudas.
Quizo acordarse de los exactos pensamientos que rondaron su cabeza durante esos tres segundos, y se acordó de que solamente quería que cesara esa sensación, ese abismo, ese vértigo.
Entonces eligió hacer memoria sobre las sensaciones corporales que había tenido en ese momento, y sintió el sudor en las manos, la inestabilidad del cuerpo, la sensación por un micro-segundo de que iba a perder la estabilidad e iba a caerse redondo en el medio del escenario.
Por supuesto eso no ocurrió…pero podría haber ocurrido….¿es de esa posibilidad desde dónde nace el miedo?….¿Desde dónde nace su miedo?
El escenario es un lugar que contiene una energía especial -pensó- cuando uno está ensayando, siente que es uno de los lugares más seguros del mundo, y cuando se encienden las luces, cuando hay público, cuando ese espacio se convierte en una lupa gigante rodeada de ojos parece como si fuera un volcán en erupción. ¿Será que el espacio físico puede ser catalizador del miedo? O es que, una vez más, ¿son las expectativas del resultado final lo que más le importa?….
Una pregunta vino a su mente, ¿Porque eligió ser actor? o quizá es mejor preguntarse ahora ¿Porqué sigue decidiendo ser actor?
La respuesta podría ser: Por esos tres segundos anteriores, los del abismo, y los tres segundos de después, cuando termina la obra, cuando uno siente que sigue volando, pero es tiempo de aterrizar, de mirar a los ojos, a esos ojos anónimos durante un tiempo. Y que ahora, muestran generosos una cara, un cuerpo. Cuando se conecta con esos ojos con cara y cuerpo, el miedo se va, sale del cuerpo de Mario, del escenario, de la sala, y no sabemos donde se esconde, cerca, seguramente, para quedarse esperando a la próxima función.

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